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viernes, 16 de diciembre de 2011

Año 2150 ¿Fantasía o realidad?

- ¡Buenas tardes, chicos!

- ¡Buenas tardes, profe!

- Bienvenidos a una nueva clase de indumentaria valenciana femenina.
Saludó el profesor en clase de “Historia de la Indumentaria Valenciana”.

- Ayer acabamos hablando de la indumentaria valenciana que se usaba en el siglo XIX. Una indumentaria valenciana de fiesta que fue evolucionando como recodareis respecto a la del siglo XVIII poco a poco. Porque como decían ya a finales del siglo XX, la indumentaria valenciana evolución despacio. No se acostaron una noche vistiendo del 18 y a la mañana siguiente eran del XIX, no.
Igual que tampoco se acostaron vistiendo del XIX y aparecieron vistiendo del siglo XX.

Los alumnos presentes seguían muy atentos las palabras del experto.

- Todo proceso de indumentaria se va forjando poco a poco atendiendo a modas, disponibilidades económicas y materiales del momento. La diferencia entre las anteriores formas de vestir y la del siglo XX es que en este siglo se utiliza para fiestas y danzas. Una mujer no se vestía de esta forma que veis en la foto para ir por la calle o los domingos como sucedía en lo siglos anteriores. Copiaba los estilos antiguos para vestirse de fallera o para bailar en lo que entonces se llamaba “Bailes Regionales” que aún hoy en el siglo XXII seguimos bailando.
Entonces ¿que sucedía?, que se imitaba la forma de vestir anterior, pero al ser una época de muchos avances industriales en la franja que abarca desde finales del XIX hasta finales del XX, estos avances provocan la aparición de nuevos materiales que son empleados para facilitar la imitación de los trajes anteriores pero llevados con muchas mas facilidades. La imagen por fuera era idéntica o muy parecida pero por dentro variaba sustancialmente, siendo los ahuecadores mas cómodos y dando a las faldas un vuelo natural. Incluso hubo un tipo de ahuecador que sacó una empresa de una malagueña instalada en Valencia que llevaba unos aros internos ocultos que aligeraban aún más el traje.

- ¿Y eso como fue evolucionando? Preguntó un alumno.

- Para llegara a esa parte, tenemos que recordar que cuando esta indumentaria sufre el mayor despegue es entre los años 80 y 90 del siglo XX. Después de la guerra civil española del año 1936, las fallas retoman su actividad como fiesta en la ciudad de Valencia con la creación de la Junta Central Fallera, sucesora del Comité Central Fallero. Y es cuando se oficializa poco a poco todo lo que ahora conocemos. Entre ello la indumentaria. Las mujeres comienzan a vestirse imitando, como decíamos antes, a los siglos anteriores pero con poca información y posibilidades populares.
La indumentaria de fallera va mejorando década tras década en la misma medida que va mejorando la economía en España.
Y toma una importancia grandísima, pudiendo ser que se gastaran tanto o más que en los propios monumentos falleros.
Entonces, en la primera década del siglo XXI, es cuando aparece una alcaldesa que gobernó Valencia mas de 20 años, tratando de regular la forma de vestir de las mujeres.

- ¿Y como se regula la indumentaria oficialmente? Espetó una alumna sorprendida.

- Oficialmente la alcaldesa solo pudo influir en la indumentaria de la Fallera Mayor y la Corte porque la Junta Central Fallera estaba gobernada por un concejal que elegía la propia alcaldesa.

- ¿Entonces no eran los falleros quienes nombraban a su presidente? ¿Era un político?

- No, entonces el presidente se podía dar el caso que no fuese fallero, pero si político. Pero no nos vayamos del tema. La decisión de la alcaldesa intentaba que a través de la costumbre de seguir la moda de la Fallera Mayor y la Corte que existía entonces…

- ¿Qué cada una no tenía su propio criterio a la hora de vestir?

- Eso es muy largo de explicar, pero no era solo en la indumentaria valenciana. Muy poca gente se atrevía a ponerse algo que no estuviera de moda por no verse rechazado del grupo. De eso se aprovechó durante mucho tiempo la industria textil, sobre todo influenciando a los jóvenes con lo que se llamó ·”la fiebre de las marcas” que se fue extendiendo a lo largo del siglo XXI. Pero volvemos a la indumentaria valenciana.  Con esta medida la alcaldesa pretendía que se bajaran los vuelos que si que es cierto que hubo un tiempo que eran excesivos, llamándose popularmente “meninas” o “mesas camillas” y también, influenciada por algunos “gurús” o supuestos gurús, trató de uniformar y de impedir que el traje de valenciana fuera evolucionando para estancarse en unos modelos estandarizados que defendía ciertos indumentaristas que trataron de imponerlo aprovechando su influencia con la alcaldesa y, según se contaba, si lograban establecer ese modelo de traje ellos eran los mas beneficiados. Aunque este último punto no estaba del todo claro.

¿al final se consiguió?

            Lo cierto es que si se conseguía, la evolución se frenaba de golpe porque, aunque eran muy estudiosos, si que es cierto que no se dejaba al gusto de cada una la forma de vestir de valenciana y esa forma heredada de los antepasados pero con cambios, dejaba de cambiar.  Entonces no llegó a calar, y el traje de valenciana para vestirse de fallera continuó navegando entre dos aguas, la de la tradición y la de la evolución. Se permitieron nuevas técnicas que se aplicaron a lo tradicional para que no se perdiera la esencia pero se pudiera llevar mas cómodo.
            Tampoco se trataba de imponer esta forma de vestir, si no de dar la libertad a cada fallera de vestir como mejor le viniera, como más le gustara sin que se dejase influenciar por ideas ancladas en el absolutismo ni en la cabezonería de pensar que lo que yo digo es lo único que vale y lo que los demás dicen no vale nada.
            Y en las fotos que aquí traigo vemos como va evolucionando y colores, modelos, materiales y tejidos que imitan a lo antiguo se entremezclan con prendas tradicionales incluyendo los complementos como manteletas, zapatos, aderezos, peinetas, etc. que forman lo que podemos llamar hoy en día el traje de valenciana del siglo XX, que, como dije al principio, solo se utilizaba para actos falleros. Os recuerdo que los del siglo XIX y XVII si que se utilizaban, con matices, para ir por la calle.
            La voluntad popular, una vez más, se impuso a intentos de controlar la forma de vestir. Aunque hubo un año que se intentó hacer el traje sin ahuecadores para hacer mas natural la caída de la falda, y en las pruebas se dieron cuenta que se habían equivocado y tuvieron que poner remedio porque se les podía haber vuelto en contra. Fue una gran alcaldesa, pero decisiones con un pronto muy fuerte le hacían patinar de vez en cuando por amigos que no le asesoraban con arreglo a la realidad, si no a su realidad. Y aquel año estuvo a punto de patinar. Tal fue el desaguisado que el indumentarista que la asesoró tuvo que rectificar sobre la marcha y utilizar un can-can con un refuerzo muy disimulado para que nadie se diera cuenta que se había equivocado. Eso si, el malestar se generó entre los familiares de las cortes de entonces porque no entendían que en pleno siglo XXI se les prohibiera ponerse una prenda, máxime cuando eran los padres quienes la pagaban. Una situación que al año siguiente se dejó pasar como si no hubiera sucedido nada. Y el traje de valenciana a pesar de algunos gurús y de un intento de nombrar a las fallas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, siguió su curso de embellecer cada vez más a la mujer valenciana cuando se vestía de fallera, llegando hasta nuestros días con este esplendor.

Por hoy dejamos esta lección que espero que os haya gustado. La semana que viene más. Amigos.

(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Todo es producto de la fantasía de estar todo el día en casa sin poder hablar)

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